Si se pone en el Youtube “Subterranean homesick blues”, no sale el video de los carteles de Dylan pero sí salen muchos que son una copia o una cita o un algo de ese video. Ésos que hacen eso… ¿son imitadores o adulones o admiradores o aprovechadores de los residuos de la fama ajena o jugadores o seres posmodernos o artistas del momento o qué son? ¿Son amiguitos de una idea de Dylan? ¿Cómo fue que se hicieron amigos? ¿Es una amistad sincera, un noviazgo, una simpatía? Qué lindo era antes ser amiguito y listo, como eran Neurus y Pucho, o Aquiles y Patroclo. Hijitus no era amigo de nadie, solo de Pichichus que es un perro tonto, y los dos vivían en un caño. Pero Lennon se hizo amigo de Dylan cuando escribió “Hey, you have to hyde your love away”, que es una canción bastante Dylan, y Dylan por entonces se puso algo eléctrico, que era como hacerse amigo de Lennon. Charly también hizo eso, lo de pasar los cartones con palabras sueltas de canciones, como un chistecito al pasar en un video, como una cosa de la que no podía privarse. Por algo no podía privarse, y eso que a García no le gusta que se note tanto que es amigo de alguien. Ahora lo de pasar cartones parece una pavada, pero antes no. Incluso en la tele y en los videoclips musicales y en el videoarte se usan ahora tipografías cada vez más grandes como cartones entre gente que habla… Crónica tv siempre ha sido pionero en las artes visuales. El Partido Obrero, al contrario, insiste en dejar afiches pegados con textos largos en letra chica, como insiste Castro en sus discursos radicalmente modernos. La cita clásica, lo clásico en la cita ¿puede leerse como pavada, cómo comedia ex tragedia? No siempre puede leerse así, pero siempre es posible escribirla como tal. Abrir el Youtube en busca de un clásico y encontrar tanta cosa que patina sobre ese clásico, da esa sensación de superposición de tiempos, de pérdida por continuidad de aquel supuesto momento inaugural… Aquello de la disolución de los paradigmas modernos, ¿no?. La anamnesis, que decía el amigo Lyotard: lo moderno como un sueño a ser elaborado en la digestión de la cultura, y esas cosas. La clave podría ser pesar en Larguirucho, en la relación ambigua de Larguirucho con héroes ética y estéticamente modernos como Hijitus y Neurus, el tráfico de secretos antes revelados al espectador que ingenuamente ejerce el narigón, Larguirucho como un juguete plástico, como un buchón de la posmodernidad.
sábado, 16 de octubre de 2010
Look out kid / Don't matter what you did
domingo, 3 de octubre de 2010
iorio, casella, calamaro, larralde
beto casella - calamaro dejó el tweeter... ¿qué opinás?
ricardo iorio - para mí el tweeter es un parlante de agudos
miércoles, 11 de agosto de 2010
Hallazgo lingüístico (1) [Revisión desactualizada de comments del Submundo]
Alguna gente está empezando a darse cuenta de que, cuando alguien opina que algo es “interesante”, está evitando opinar sobre el asunto. En su uso coloquial casi descuidado, habitual y amable, la expresión instala claramente el recurso irónico, refiere a su contrario: el desinterés. Incluso, la evidente ironía (alguna de cuyas posibilidades retóricas están entre las más reconocidas públicamente) subraya el desplazamiento: el desinterés está pespunteado por el rechazo, el desprecio. Aquellos a los que les piden opiniones sobre distintas cosas, solían usar mucho este recurso para zafar; ya casi no se puede. Es parecido decir que una mujer que resulta poco atractiva o seductora es “simpática”, o de un hombre sin gracia que es “agradable”.
Habíamos hablado de estas cositas por aquí, a propósito de estas y otras expresiones, de cómo el cambio de sentido diacrónico, por momentos, puede traicionar al descuidado de la lengua, incluso al cuidadoso.
Invitados estáis, Sub lectores, a convidarnos con vuestras propias observaciones acerca de estas desviaciones de la lengua.
lunes, 12 de julio de 2010
pregunto si el el riff es pajero o qué
Y, bastante antes, andaban por ahí las letanías picantes del canto gregoriano, aunque no: la idea del riff y su pegada al cuerpo cabalga sobre la coagulada modernidad del vinilo que dura tres minutos radiables y sus derivados comerciales, no en el tiempo curioseado de lo barroco.
Un punto de partida en tiempo cualquiera, que se me ocurre, es la gloriosa My Sherona de The Knack, un tema que se sostiene casi exclusivamente en un solito riff.
Si pensamos en la conducta de la música occidental atendiendo distraídamente a géneros o cuestiones socioculturales (como si la pureza de la evolución musical existiera), tal vez el riff haya sido inventado por los románticos, aunque por entonces un roquero no hubiera tenido la paciencia estomacal para esperar el tiempo que Schumman o nuestro Beethoven romántico imitaban.
Pero luego, más aquí, los Beatles tienen rifss -malos auque intencionados- como el que hay en “Birthday” u otras cosas demasiado finas para ser un riff, como la base constante de “Come toghether”. Eso no es suficientemente rifero para su época, entonces: los Beatles no son una banda rifera.
Sí están más cerca de eso los Rollings de “Satisfacción”, con un motivo apenas largo para el momento.
Después del pop clásico, se podría decir que los Who etienden el espíritu del riff, pero lo explotan con bastante mala intención.
Los setenta, luego, son un dedo señalando el error: el principio de “Moby Dyck” de Led Zeppeling, o su entrada instrumental para “Mucho amor” son rifss perfectos, pero puestos en función (para calentarte, como trampa) de un solo de batería o de una linda franela vocal.
De parecida manera aunque antes, los Kinks tienen algún riff en sus primeros temas, como el mismísimo “You really got me”, o los Who lo tienen en su medianero “Who are you”, que invitan también a eso para llevarnos a otras lugares de la repetición y dek sonido.
En los 90tas hay rifss: pero alli sobran y repugnan por exceso demagógico: Metállica, Megadeth y bandas así son como esos putos que van en un ascensor cualquiera derecho a tocarte la verga, sin saber siquiera tu nombre… Y no es que uno rechace la aventura, uno rechaza la pobreza espiritual del manotazo.
Recorrido que hube rápido ciertos momentos musicales con evidentes huecos, he de decir que la serialidad de pajero cultivado que presenta cierta amanerada repetición de melodías conocida como música electrónica (remito a viejo post del submundo y sus comments) es una construcción enemiga del riff placentero y eficiente, en tanto parece la imitación del efecto del mal uso del de la heroína. Es decir: música de teletubis para gente con atención tal que no supera la de un niño jardinero o la de un enano de jardín hecho su coco de cemento.
La repetición tranquiliza, no jodamos.
Entonces, vienen unos asuntos culturales a pensar, si acaso:
¿Cuánta repetición tranquilizante necesitamos en nuestras canci
ones, de acuerdo a la tensión –social, cultural, de clase- en cada época? ¿Cuánta inteligencia potencialmente contagiosa se juega cada vez que -entre la amabilidad complaciente, la construcción histórica y el verdadero trabajo artístico (necesariamente cuestionador)- una repetición tentadora se nos cae encima?
El riff es comodidad del pacer, y también es nutriente de ciertas necesidades sociales y propias, porque el riff es un olfato de la época.
El riff es tu chica que todos los días te trae un bonobom,
o te hace celitos o te dice ese sobrenombre…,
o es el riff tu jefe que todos los días te deja saber que volverás a cobrar el mes que viene. Entonces, disfrutemos.
Pero además de disfrutar, ¿alguna otra cosa pasa?
martes, 25 de mayo de 2010
Pequeñas anécdotas de las instituciones (III) Bicentenario
Se festeja en el corazón ajeno de Buenos Aires el bicentenario de la patria argentina. El subte lleno a reventar que nos lleva al medio de la fiesta se rompe justo en la estación Pellegrini, a los miles apretados e inmóviles en la esquina se suma la avalancha del subte. Pellegrini era aliado de Roca, creo recordar. Cuerpos pegados a otros cuerpos inmóviles y expectantes como en una patria, hasta que se hace un claro impecable: una mina acuesta a otra de un sopapo y, estentórea, la putea tanto que tapa la banda musical del desfile. El desfile es justo ahora de color rural: caballos, disfraces de gaucho, un asado de verdad encendido sobre el palier de un camión. La acostada devuelve la cartera estirando la mano desde el asfalto, la policía, como pasaba siempre en Batman, por suerte llega tarde. El revoleo ha sido necesario: ahora la gente se mueve y se desliza por el hueco del hurto y del sopapo. Todo el mundo andaba casi amable y casi compatriota, la pelea entre chicas por la propiedad privadísima vino a darnos aire, y a subrayar la nacional fraternidad del acontecimiento. Pasan cosas distintas al mismo tiempo, o casi. No soy Bond, espío lo que puedo, mi pobre vista abrumada por el calor que sube de los cuerpos apretados de la gente. Los Palmeras del bombón asesino cantan La bestia pop de Solari-Bellinson. Soledad berrea aquel tema de los Jaivas. Gilberto Gil hace reggae. Sube Jaime Ross y recuerdo que Durazno y Convención es la versión latina de Penny Lane. El Chaqueño Palavecino no hace versiones de nada. Lito Nebia hace su versión de ese tema de Tanguito. En las calles laterales al escenario, hay tríos de pibes morochos con plumas y generadores eléctricos color celeste que tocan toda cosa con ritmo de huayno y flautas de pan para pegar de nosotros los turistas un poco de pan o pizza: el tema de Rocky, el tema de El Guardaespaldas que cantó Whitney Huston…, me paseo entre ellos esperando la versión originaria de Con tu blanca palidez de Procol Harum pero no alcanzo a escucharla. Los estands de las provincias también se dedican al turismo, hay colas de gente tan paciente como un argentino que espera degustar vinos, folletos, quesos, cosas. Ahora desfilan actores disfrazados de “grupos políticos de distintas épocas de la historia”: entre ellos, unas mujeres de ropa gris gritan “anarquía, anarquía”. En otro rincón, actrices disfrazadas de Madres de Plaza de Mayo giran en un escenario cuadrado, una luz negra les pone fosforescentes los pañuelos y cae una artística lluvia constante adentro del cuadrado. A un costado se queman falsos libros, como en el último gobierno militar. Los actores que armaron las escenas estas se llaman Fuerza Bruta. Papi, viste cómo se siente el calor de la gente, dice mi hija interrumpiéndome con justicia y sin intención metafórica. Ahí viene una murga integrativa: contiene niños y travestis codo a codo. La presidenta mira ahí y acompaña con su pasito diz que negroide, casi con elegancia. Dentro del peronismo todo, o casi. Falta Bond, Billy Bond haciendo su versión de la marcha de San Lorenzo. Ahora volvimos de la calle y la fiesta sigue, y dicen en la tele que se viene un momento muy emotivo.
viernes, 5 de diciembre de 2008
La huella decadente de la estética tecno jipi

Miremos ahora algunas cositas de ahí. La Mitchell canta lindo, son lindas canciones, pero: ¿no sobran los arreglos de saxo y flauta, no suenan horribles los bongoes en “Big yellow taxi”? La Joplin tiene esa pulenta, pero ¿no son pastosamente antieconómicos los solos de guitarra de su banda? ¿no sobran la mitad de los jadeos y todos los chistes sobre drogas entre canciones? ¿No resulta ñoño el romanticismo pacifista de cualquier estrella pop de entonces? Los primeros efectos de cámara tipo estrobo, o caleidoscopio, o Jimmy Page partido al medio como en espejos, ¿no son de mal gusto? ¿No les sobra optimismo y les falta estilo a esos libros con locos demasiado lúcidos o con desocupados felices en la ruta? ¿No le quedan feas las charreteras doradas y las capas de seda a Hendrix? ¿No habría que quemar las películas de Jodorowsky? Etc.
Estos rasgos feitos (feitos por cursis, por excesivos, por desequilibrados, por ruidosos, por pretenciosos, por ampulosos) de estilo de época, de jovenzuelos de clase media militante culposa, con su desesperación por decir todo y llenar todo, se arrastran hasta ahora. Pareciera que aquella imaginación persiste en arrojarnos sus peores adornos, que es lo que le queda.
Aunque hay una manera casi actual de traer al día estos residuos paleontológicos: el iman de las nuevas tecnologías. Fantasías de ácido o de paz o de nueva era que la técnica de entonces no dejaba mostrar o exhibía desprolijamente, caen ahora impertinentes, aceitadas por la habilidad digital. Y con peores resultados artísticos, porque –entre otras cosas- ya no hay época que las disculpe.
Ayer, mientras comíamos fideos con salsa rosa en casa de Zambayonny, ví un video de Carla Bruni que ilustra el asunto. Planos fijos de paisajes bucólicos a color, con la animación superpuesta de una especie de bailarina dibujada sintéticamente en tinta negra, que va recorriendo las vivas postales y mutando: en arbol movido por el viento, en flor que se desoja, en simbolitos esotéricos… un asco de estética vieja y jipi. Hay muchos ejemplos de este pasado malamente reconvertido, ustedes podrán agregar los vuestros si os place.