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martes, 27 de julio de 2010

TIPS SOBRE PELÍCULAS

- Si está ambientada en un pasado superior a los 30 años, la saco
- Si no transcurre en una ciudad con edificios, la saco
- Si es en blanco y negro, la saco
- Si el protagonista es un animal, la saco
- Si es animada, la saco
- Si es una combinación de humanos y dibujos animados, la saco
- Si el protagonista es muy viejo, la saco
- Si no actúa nadie conocido, la saco
- Si la da un canal abierto, la saco
- Si la trama transcurre por muchas ciudades bellas del mundo, la saco
- Si la trama es sobre algún deporte, la saco.
- Si es de vampiros, la saco
- Si es de zombies, la saco
- Si es de algún arte marcial, la saco
- Si se proclama como bizarra, la saco
- Si se proclama como clase B, la saco
- Si está basada en una historia real, la saco
- Si es una remake, la saco
- Si el protagonista es un niño, la saco
- Si es para niños, la saco
- Si es oriental, la saco
- Si está basada en una obra de teatro, la saco
- Si actúan un montón de estrellas famosas, la saco
- Si actúa Sean Connery, la saco
- Si es una comedia argentina previa a los 80, la saco
- Si es una comedia musical, la saco.

viernes, 21 de mayo de 2010

Pequeñas anécdotas de las instituciones (II)


Cuenta G. –un pibe muy atento al chusmerío del cine- que el otro día andaba por Santa Fe y Coronel Díaz y se cruzó con un director de cine argentino, uno de esos que andan al borde de la juventud y del reconocimiento, que ha dirigido cuatro o cinco pelis. Dicen algunos críticos que las películas que él hace “exploran en los problemas de la construcción de la propia identidad”.

Como este director estaba en la esquina hablando enérgicamente con un policía, G. se paró cerca para observar la escena.

El director apuntaba con largo índice hacia la vereda del shopin Alto Palermo, a los vendedores callejeros que tiran mantas en esa vereda. Y así hablaba el director:

“Soy Daniel Burman, director de cine. En el shopin están dando una película mía, “Dos hermanos”, ¡y en la misma vereda hay una señora que está vendiendo copias truchas de mi película....! ¡Eso es ilegal…! ¡Usted tiene que hacer algo! Sacarla de ahí, detenerla, llevársela…”

El director estaba más bien ofuscado, y exigía justicia a viva voz, como si su causa fuera la de Hebe de Bonafini. El policía, amablemente, no le daba pelota, hasta que le sugirió que hiciera la denuncia en una fiscalía. Entonces el director fue a pararse frente a la señora de la manta, y dice G. que desde la esquina parecía que hablaba por teléfono, siempre apuntando a la señora con su índice policial.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Ví la última de David Lynch

Inland Empire: una película de mierda

Como al fondo del cerebro, pero no sé qué
La concepción estética de Lynch está marcada, entre otras cosas, por una notable simpatía con surrealismo. Es una especie de resfrío o deslumbramiento que algunos tuvimos en la adolescencia y que después se nos pasó. El pequeño David sique moqueando. De este virus hay -más o menos- en todas sus películas; en algunos casos funciona mejor que en otros, en Inland Empire, funciona mal.

El problema es de credo: creen las películas de Lynch -y ésta más que ninguna- que las asociaciones ensoñadas revelan algo así como el inconciente o la profundidad del alma, y que ese contenido es materia prima cinematográfica y puede transaldarse al soporte un poco descuidadamente, y que eso tiene gracia y verdad y valor artístico en sí mismo. Y no.

Sobre economía artística
A veces he pensado que si una obra de arte funciona, responde a cierta economía interna, a una relación calculada de las partes entre sí, y de cada parte con el todo. Una imagen que me ayuda a explicar esto es la de la constelación. El artista dispone una cantidad limitada de elementos -no hay otra posibilidad- con los que puede trazar, combinándolos mediante líneas de tansión narrativa que los relacionan, una cantidad finita de estructuras. No una sola, claro: cualquier grupo de estrellas puede dar lugar a varios diseños y muchos de ellos convivirían cordialmente en una obra. De aquí las connotaciones, la complejidad y la riqueza posible, etc.

Pero -si mi idea de la economía artística tiene sentido- no es posible cualquier diseño con los mismos puntos referenciales. Y aquí es donde la película de Lynch, en su gusto por lo aleatorio, moquea. En Inland Empire las líneas que relacionan las estrellas a veces van a parar donde no hay estrellas, o se inventan estrellas precarios que no sostienen el diseño del conjunto. La constelación se cae, o no hay tal.

Economía artística y oscuridad banal
Una cita de Girri que viene justo: "La oscuridad de un texto puede acentuarse, aunque solo hasta cierto punto. La claridad admitirá siempre un grado más de intensidad, la oscuridad se clausura a si misma".

Pareciera que Lynch disponía de dos guiones y medio, cada pilita de papeles con una potencial película interesante, los barajó y se fue a filmar. El resultado es la sensación de que no se ha sabido cuándo y dónde parar, cortar, hacer silencio. Tampoco se ha sabido calcular el valor de cada parte en relación al conjunto.
Y este "saber" del que hablo es -vuelvo al segundo párrafo- de economía artística, entre otras cosas. Que una cosa es ambiguedad, materia propia de cualquier idea, y otra joder conque en lo que no se entiende siempre hay "algo". Podríamos llamar a esto, poniéndonos un poco etimológicos, "sofisticación". Y todo esto sobre la blandura que observo en el primer párrafo: el entusiasmo adolescente por el resultado del juego surrealista.

Lugares comunes casi ajenos
Se abre el plano hasta incorporar una cámara que filma la escena, cuenta que hay una narración dentro de otra: ¡nuestros queridos recursos metadiscursivos!. ¿Fue Fellini el primero que hizo eso? * No importa, la cosa es que fué. Si fue Fellinni, no hizo tiempo a pedir disculpas por lo que la historia le puso encima. Como una cosa es Cien años de soledad, y otra la proliferación de espantosos textos y películas posteriores inspirados en aquel.
Asimismo, unos cuantos planos de ficción se cruzan y se incluyen: la vida de la actriz, la película que filma la actriz, la primera versión de esa película, las habladurías sobre una maldición folcloríca que pesa sobre la historia, la propia ensoñación o locura de la actriz o de su personaje... (De paso: que la protagonista grite "I'm a freak!" no es un buen chiste). Continuidad de parques que ya no tienen pasto de tanto que los hemos pisado, ¿no?.

¿Por qué no incluir más cosas así, seguir abriendo el plano y buscar la mamuska más adentro? Agregar: cuando David llama a la actriz para ofrecerle el papel, una discusión al respecto de la acriz con su madre, una endoscopía de alguna parte del cuerpo de la madre de la actriz, etc.
Igual al final, sobre los títulos, hay más: hay unas actrices que bailan como de entrecasa, cuando la peli ya terminó (aunque digo "terminó" por decir nomás).

Lugares comunes bastante propios
Inland Empire es una summa de Lynch ¿no?. Parece un crédito fácil, pedido a los que ya se lo habían dado de antes. Una película para los que ya creían que iba a ser genial. Entonces, hay Lynch plus Lynch amontonado circunspectamente. Pila abundante que no llega a rozar el alivio de la parodia, ni nos sube a la autoreferencialidad inteligente.

Por eso me molestan los videoclips mal iluminados, me molestan los cuadritos surrealistas compuestos y largos, me molestan todas esas lámparas en las esquinas, y los muebles con las patitas así, y la paleta de colores, y los pasillos transitados ida y vuelta. Y me molestan las linternas sobre las caras, que tan bien estaban en Los Expedientes X.

Tres o cuatro cositas lindas
Casi en cualquier película de mierda hay algo. Varios diálogos -y más que los diálogos, los climas que generan- son interesantes: reslultan verosímiles aunque estén marcados por un ritmo nada naturalista.

El abuso de los ppp de rostros tiene gracia: en los pliegues de las caras suele encontrar Lynch un texto abundante y significativo que sustituye con honor lo que podria ser dramatismo desgraciadamente actoral.
Algunos recursos, sobre todo de elisión, en una peli tan sobrada: una persona que no entra en cuadro agoniza entre otras dos que hablan de lugares y líneas de colectivos y enfermedades familiares.
Cuando los videoclips empiezan, hay algún gesto que produce un quiebre sobre una escena casi realista que la vuelve extraña de ahí para atrás.
Lindas cositas. Pero no alcanza.

* PS
Obviamente, no fue Fellini el que inauguró el chiste metadiscursivo. Cayó aquií por su propia relación con el surrealismo que lo vincula a Lynch, por la misma simpatía de Lynch con Fellini, por esa imágen de "Y la nave va" en la que se abre el plano, por cositas de 8 y Medio.
Pero, ya que estamos, dejo un saludo agradecido a mi amigo Leandro, que me trajo "The big swallow", el corto de Williamson hecho en 1901 en el que un tipo se acerca a la cámara, abre la boca y se come a la cámara e incluso al camarógrafo, y que seguramente es la primera peli con semejante tema. De paso vimos otra de Williamsom con mujeres tocándose, increible.


martes, 4 de septiembre de 2007

realismo down

entrevistador- ¿Los Reynolds existen?
Miguel Tomasín- Si, existen. Pero algunos están un poco maricones.

[Declaraciones del líder, baterista, y cantante del grupo musical "Los Reynolds", Miguel Tomasín, en la película documental "Buscando a Reynolds". ]

miércoles, 21 de marzo de 2007

EL MEJOR CORTO QUE VI EN MI PUTA VIDA (6) Último corto por ahora

Con el final del verano se termina la primera y exitosa entrega de “El Tío y el Sobrino”, que constaba de 6 cortos y que superó ampliamente las expectativas de todos.
El último corto de esta etapa es el que postearé hoy y se titula “Una cita con el tío”.

De todos modos les quiero decir a los fanáticos de esta saga, que ya se están escribiendo y filmando los nuevos capítulos que apenas salgan del horno los iré posteando en el impredecible Submundo del Espectáculo. Por lo tanto estén muy atentos porque las novedades llegarán antes de lo que imaginan.

Obviamente los nuevos sketchs tendrán algunas novedades impensadas en los guiones, en las escenografías, y en los vestuarios. Aunque sí mantendrá a los actores y a la cortina musical de Zambayonny quien prometió incluirla entera en su próximo disco, Salita Negra.

Gracias a todos los que mandaron argumentos, hemos llenado el cupo y ya no podemos aceptar ninguno más.

Espero que disfruten de este último corto. Nos estamos leyendo.



miércoles, 14 de marzo de 2007

EL MEJOR CORTO QUE VI EN MI PUTA VIDA (5) ADEMÁS ¿ POR QUÉ ESCRIBE MAL ARJONA?

Llegó el quinto video de la saga del “Tío y el Sobrino”, el de hoy se titula “Durmiendo una siesta con el Tío” y quiero contarles que entre los cuatro videos anteriores ya se han sumado ¡DOS MIL DESCARGAS! (¿Cuántas salas de cine llenas son eso?)

Se siguen aceptando argumentos para las nuevas sesiones de filmación en el mail o en los comentarios. Sean creativos porque la crítica se está poniendo pesada. ¡Ja!

Por otra parte, como ésta es mi columna semanal (que trae de regalo un corto) voy a plantear un pequeño debate porque parece que ahora (o siempre) todo es una simple cuestión de intenciones.

Eso es lo que se juzga en el arte contrariamente a lo que ocurre en la vida real: Las Intenciones. (Me lo imagino a Maurito con ganas de responder antes de seguir leyendo, un abrazo Maurito)

Veamos.

Habitualmente los paradigmas de los malos escritores de canciones son Ricardo Arjona o Iván Noble según el tipo de grupo en el que se discutan estas importantes cuestiones. Hasta acá posiblemente estemos todos de acuerdo, sin embargo creo que en verdad no son los peores, ni mucho menos.

Por ejemplo nunca oí recalcar lo mal que escriben canciones Cristian Castro, Enrique Iglesias, Ricky Martin, Chayanne, el de La Mosca, Django y etc. supongo que por el simple hecho de que no aspiran a hacerlo bien.

Entonces: ¿Es mejor andar desnudo que con ropa a la que se le vean las costuras?

Todo esto me tiene un poco harta, no concibo la idea de dividir a los que hacen cosas entre los que querían hacerlas bien y los que no. No es que no me moleste que se noten los objetivos no logrados, pero resulta que a los que más les jode estas falencias son los mismos que luego retiran la navaja crítica al oír (y algunos bailar) otros temas comerciales.

Por último lo mejor: Me dicen “Lo que pasa es que a Ricky Martin, Enrique Iglesias, etc. (o sea: el 80 % de la música que suena) ni siquiera se los puede criticar” ¡Claro! entonces concluyo que estas personas descuentan que Arjona escribe mejor que el 80 % de lo que se oye en las radios. ¿No será mucho?


miércoles, 7 de marzo de 2007

EL MEJOR CORTO QUE VI EN MI PUTA VIDA (4) además algunos renglones de Iván Noble en Intemperie

Bueno, para los desesperados que llenaron mi casilla de gmail (ahhhh no tenés seguidores Anita!) preguntando ¿que pasó?¿por qué no subieron el nuevo corto? bueno, acá está el cuarto video del Tío y el Sobrino con una puesta en escena mucho más jugada y algún desnudo censurable, titulado “En la ducha con el tío”

Justo Maurito había colocado un post el día lunes y siempre tratamos de dejar un par de días entre los post para que maduren, por lo tanto no siempre serán los lunes los días en que suba un nuevo corto de esta saga cada día más popular (el tío ya tiene club de fan en Wilde)

Llegaron también varios argumentos para que ellos filmen, uno de los que más me impresionó lo mandó Paola Genovesse y decía: “Que el tío y el sobrino hagan el juego de la copa para comunicarse con la tía muerta”. Terrorífico. Quédense tranquilos que todos están en pre producción y pronto los verán en este mismo Blog. Se siguen aceptando propuestas argumentales a anasanmarin@gmail.com. Gracias.

Para terminar (y antes del corto) les dejo algunos renglones del último disco de Iván Noble titulado Intemperie. Los seleccioné yo misma con auriculares puestos y tomando merca.


- Entramos de colados a la última cena.
- Dios salió de nuevo peor empleado del mes.
- Juntamos basuritas en el ojo del alma.
- Tu sonrisa se hizo el pan con dulce de mis mañanas.
- Si su mirada fueran dos pistolas yo no contaría el cuento.
- Voy a darme una ducha, voy a escuchar a Dolina.
- Me pesa el alma como un jabalí.
- Otra vez me olvidé de sacar la basura del baldío de mi corazón.
- El florero se lava los dientes.
- Otra vez me olvidé de cambiar los pañales del desastre de mi soledad.
- Desde que me echaste a cascotazos de tus besos.
- Corro hasta mis penas, que me sacan dos cabezas, y vuelvo con la lengua afuera.
- Pero soy un cachivache cuando no te tengo a mano.
- Cada cual es cartonero de sus suerte.

Iván Noble – Intemperie.

Ahora si, besos negros para todos y disfruten del séptimo arte.


martes, 27 de febrero de 2007

EL MEJOR CORTO QUE VI EN MI PUTA VIDA (3)

Acá les dejo un nuevo corto de la ya consagrada saga del "Tío y el Sobrino" como lo hago al principio de cada semana para demostrar que no todo es crítica salvaje en el submundo sino que también ofrecemos comidilla a las fieras.

En este caso se titula "Escribiendo una carta de amor con el tío" y confirma la eterna parábola sobre las exigencias del amor y sus diferentes ópticas.

Una novedad: A partir de este momento (y solo por marzo) se aceptarán argumentos para que filmen el Tío y el Sobrino, por lo tanto cada uno de nuestros más de mil lectores semanales podrán jugar a ser guionistas de cine, para luego ver plasmada sus ideas en la pantalla.

Espero que disfruten de este corto. Se esperan propuestas, el set de filmación y los comentarios quedan abiertos.


lunes, 19 de febrero de 2007

EL MEJOR CORTO QUE VI EN MI PUTA VIDA (2)

Llegó el lunes, y como fue prometido anteriormente, posteo otro corto. No creo que les den el Oscar al mejor corto extranjero porque la Academia nunca tuvo huevos para nominar producciones independientes en serio, no esas producciones que ellos llaman “baratas e independientes” porque solo invirtieron cinco millones de dólares y el padrino que los acomodó en las salas del mundo no es recibido por la CIA (para el que no lo sabe: La Academia de Hollywood es una rama (ramera) de la CIA. ¡Despierten muchachos!). Es el mismo verso de siempre, el Sueño Americano llevado a todos los rincones. A saber: Usted hace un film barato (supongamos con 4 millones de dólares) y luego recauda ¡90 palos verdes!. ¿Ve? era solo cuestión de arriesgar con la moral “americana” y confiar en su talento. Lo mismo ocurre con los millonarios que aseguran que de chicos eran pobres y negros, pero que a fuerza de distintas habilidades, de carácter “americano”, y de fe (en dios, claro) se puede obtener el éxito para el que nacieron. Hay más ejemplos.

Existe una conocida frase yankee que dice: “Cualquiera pude llegar a presidente de EE.UU.”
Otra le responde: “Eso es justamente lo que ocurre”

lunes, 12 de febrero de 2007

EL MEJOR CORTO QUE VI EN MI PUTA VIDA

Después de tanta mierda perfumada con fragancias de un verano horrible, pegajoso y facturado con falsos escándalos de pseudo estrellas prostituidas por amor al fierro que hacen calentar a una teleplatea pelotuda y estática acostumbrada a que le metan el dedo en el culo con una programación berreta, masiva y sin vuelo, me he encontrado con un corto de cine que realmente vale la pena por su guión provocador y matemático, sus actuaciones etéreas y precisas, su puesta en escena gloriosa e innovadora, su iluminación tajante y vital, su dirección ajustada y condescendiente como la mirada de dios y una edición adulta y conmovedora que ofrecen como resultado un corto que vale la pena disfrutar como un oasis en medio de tanta manufactura irritante y delincuencial que azota las pantallas como un dardo venenoso en la pupila inocente.




Todos los lunes voy a subir un corto de calidad, vayan sabiéndolo, así después no le echan la culpa de todo a la basura que suelen alquilar para mirar con sus parejas las noches que les provoca angustia tener que mantener relaciones sexuales monogámicas y depresivas.

lunes, 5 de febrero de 2007

"911 MYSTERIES" (Imperdible)

Quiero compartir con ustedes un documental realmente impresionante sobre las explosiones que implotaron a las Torres Gemelas. Es un flamante material que no circula mucho por razones que podrán corroborar con el correr de las imágenes. Les aseguro que les cambiará el modo de entender lo sucedido el 11 de septiembre de 2001. Se llama "Misterios del 11 S" y es más contundente que el acero de las torres. Dura una hora treinta minutos y no querrán que termine. Les recomiendo ponerla en pausa para que cargue completamente.

La subió Julián Gallo desde su impecable Blog

Véanla acá. No tiene desperdicio. Sinceramente.


http://www.juliangallo.com.ar/2007/01/documental-misterios-del-11-de-septiembre-subtitulado-en-espanol/

lunes, 23 de octubre de 2006

Una película... dudosa

Fui a ver “La dama en el agua”, la última de M Night Shyamalan (Sexto sentido, El protegido, La aldea). No les voy a contar de qué va la película, porque no es mi estilo: hay gente que todavía no la vio y los críticos de cine que cuentan lo que pasa en la película se van al infierno, donde les tienen reservado un castigo muy refinado: los sientan en una cómoda butaca de una sala de cine vacía y les proyectan un policial nunca antes visto, con una intrincadísima trama de misterio pergeñada por el mismísimo Diablo. Pasada la mitad de la película, cuando el condenado ya está tan absorto en intentar desentrañar el enigma que hasta olvidó su triste destino post-mortem, se abre una puerta y en el rectángulo luminoso asoma la silueta de un sirviente del Maldito, que dice:

— ¿Todavía no se dio cuenta de que el asesino es el chofer?

La puerta se cierra y el demonio desaparece. Este castigo se repite una y otra vez, siempre con una película nueva (el Diablo es endiabladamente creativo), por toda la Eternidad. Y bien que se lo tienen merecido.

Tampoco esperen que califique la película, si es buena o mala (ya el título de este post alerta sobre mi indefinición). No se hagan ilusiones, yo no soy crítico de cine y aunque lo fuera, las definiciones tajantes no son lo mío. Si quieren averiguarlo, vayan a verla y después me cuentan lo que les pareció por este medio; estoy seguro de que el debate será interesante. Yo sólo me creo en la obligación de advertirles que en el cine me aburrí soberanamente, desde el principio hasta el final (salvo una parte por la mitad de la película, donde realmente la historia me absorbió), y que no fui el único aburrido, a juzgar por el ruido constante que hacían los otros espectadores al acomodarse en sus butacas (alguien dijo que el mejor crítico de teatro es el culo, y podemos extender la genial humorada perfectamente al cine). Pero luego de salir del cine reflexioné y creo que entonces entendí por dónde pasaba la cosa. Ya me ha pasado: cuando hace unos años fui a ver “Tropas del espacio” (de la que alguna vez debería escribir algo), mientras estaba en el cine me pareció malísima y sólo media hora después, caminando hacia casa, la verdadera naturaleza de lo que el director había querido hacer cayó sobre mí y me sacudió como una revelación. Chapeau!

Volviendo a Shyamalan, a su joven edad (nació en 1970) ya logró hacerse un lugar en el panteón de los directores de cine “de culto”, esos que logran darle una impronta tan personal a todo lo que hacen que sencillamente uno tiene que ver cada nueva película que hacen, como diciendo “¿qué habrá hecho ahora?”. Pareciera que cada creación individual sólo tuviera sentido en el contexto de la “obra” completa; como si cada nueva película fuera una tentativa más elaborada de expresar una misma idea recurrente que los obsesiona y que sólo comprenderemos al final de su carrera. Pasa con Spielberg, pasa con ese genio que es Tim Burton: tuve que ver muchas de sus películas para entender a medias el pedo mental de El joven manos de tijera; y cada vez me convenzo más de que también Shyamalan tiene algo que decirnos que excede el marco de una sola película. Por estos lares, confieso que fui seguidor de Eliseo Subiela, pero creo que ya no puedo seguir siéndolo después de la segunda parte de El lado del corazón o No te mueras sin decirme a donde vas. (Me llevó menos tiempo desencantarme de Marcelo Pyñeiro: bastaron Tanguito y Caballos salvajes para entender que ya nada de lo que haga puede interesarme.)

Si a pesar de haberme resultado mortalmente aburrida, no digo que La dama del agua es una mala película, es porque temo que Shyamalan la hizo deliberadamente así, sabiendo que buena parte de quienes la vieran nos íbamos a aburrir como ostras, y que ahora debe de estar riéndose de todos nosotros; que el muy cabrón lo hizo a propósito, nos puso una trampa y caímos en ella como chorlitos. Si mi sospecha es cierta, en vez de filmar una historia que sencillamente agradara o entretuviera al respetable, Shyamalan se propuso hacer un experimento sicológico, sociológico o estético con su público, dividirlo en una mayoría de personas que manifiestamente no iban a cazar ni medio y una minoría de espectadores que sabrían entrar en juego. Un juego que podríamos resumir así: él nos cuenta una historia sobrecargada, un inverosímil cuento de hadas (a bedtime story), que al resto nos va a parecer absurdo, aburrido, estúpido, tedioso, ridículo, a menos, claro está, que seamos capaces de hacer lo que nos pide y adoptar otro punto de vista (una película como El sexto sentido, que marcó un corte clarísimo y bienvenido en el decadente cine de terror norteamericano, también fue posible sólo mediante un cambio de punto de vista). Eso que espera Shyamalan de nosotros lo explica claramente durante la película (llena de guiños autorreferenciales), y no es algo fácil de hacer (quizá sea esa la moraleja de la historia). Pero si somos capaces de hacerlo, entonces la película tal vez se salve, y nosotros con ella. Si es así, me saco el sombrero ante la manera arriesgada y algo retorcida que eligió el director para componer esta obra abierta que sólo puede cerrar con la complicidad del espectador (aunque me molesta cierta falta de sutileza).

También reconozco que fui a verla para ver actuar una vez más a ese pequeño gran actor que es Paul Giamatti, y que no me defraudó. La rubia Bryce Dallas Howard aporta su belleza gélida y distante, pero creo que sobreactúa un poquito. Y los cazadores de perlitas con buena memoria para las caras van a encontrar en un papel secundario a una de las manicuras que se burlaban de Elaine en el capítulo de Seinfeld en el que nos enteramos de que Frank Costanza habla coreano y tiene un problema de mal olor en los pies.



ATENCIÓN (agregado a las 11.22 del lunes 23 de octubre): La lectora Bandana desafía el justo castigo divino explicado en este post y en el segundo comentario cuenta el final de Los Otros y de Sexto Sentido. Se creen que es joda. Que pueden hacer lo que se les cante con sus vidas. Que el infierno es un invento de los curas. Al final, voy a tener que darle la razón a Benedicto XVI, el secularismo de esta sociedad podrida asusta. No digan que no les avisé.

lunes, 16 de octubre de 2006

Una película de mierda (5)

A veces uno teme que una impresión momentánea, puramente subjetiva, empañe la recepción de una película, de una telenovela o de cualquier programa de televisión. Uno se acerca con ingenuidad; poniendo lo mejor de sí y deseando (sobre todo poniendo empeño en el deseo) estar verdaderamente entusiasmado.

Mi hermano me recomendó una película que ya traía muy buenas críticas: “Derecho de familia”. Como mi hermano y yo tenemos gustos muy parecidos, pensé que si a él le había gustado, a mí también debería gustarme. Llevé el televisor a la pieza, compré frutillas y me preparé para una hora y media de entretenimiento.

Durante los primeros quince minutos estuve a la espera de una trama interesante, de gags divertidos, de (por lo menos) cierta ternura en las relaciones humanas (porque la película parece que quiere hablar de eso también). Pasados los quince minutos de gracia, tuve que desilusionarme.

La película no existe.

Hacía tiempo que no veía una película tan aburrida, tan insípida y tan desmembrada. La trama parece construirse con retazos yuxtapuestos de situaciones y problemitas cotidianos de una clase media-alta judía. Como si el director dijera “ahora vamos a agregar esto, después esto otro”: una sucesión de imágenes sin fuerza narrativa, monótona hasta la náusea.

El actor (del que no me acuerdo el nombre, pero es el que se hizo famoso como el Walter de las propagandas de Telefónica: lo llamaremos simplemente “Walter”) hace de abogado, hijo de abogado, que se enamora de Julieta Díaz.

Toda la tensión narrativa descansa en esto: Walter da clases de derecho en una universidad pero su padre quiere convencerlo para que trabaje en su buffet. Walter conquista a Julieta Díaz y tiene un hijo con ella. El padre de Walter se muere. Walter, entonces, para seguir con la tradición familiar, se mete en el buffet de su padre. Fin de la película.

Jamás, ni de cerca, se rozan cuestiones sociales ni económicas; mas bien se apunta al costado naif de las relaciones humanas: el padre que sueña con que su hijo siga por el mismo camino; el hijo que quiere “hacer su vida”. Todos profesionales, todos pulcros y bienpensantes. No se habla de lo difícil que es trabajar como abogado ni como docente en una universidad. El dinero jamás es un problema. El único traspié lo tiene Julieta Díaz cuando le embargan (o algo así) los instrumentos con los que hace Pilates. Pero el abogado Walter se los recupera. Así funciona el mundo: hoy algo sale mal, pero después sale bien. Esa es la ética universal de Burman.

Por un instante pensé que la película iba a dar un giro: cuando Julieta Díaz, que es profesora de Pilates, se va de viaje. Pensé que se mataba, pero no: vuelve.

Los actores hacen eso: actúan. Fingen. Hacen como si se creyeran el patético guión del pseudocineasta Burman. Julieta Díaz, única actriz excelente, está opacada por un papel deslucido, inverosímil, flaco, sin fuerzas. El único que actúa bien es el que hace de hijo de Walter y de Julieta Díaz. Pero eso no es mérito, porque el chico (de unos tres años) no está actuando; está haciendo lo que hace cualquier chico de tres años: improvisa tiernas incoherencias y babea.

Ya “El Abrazo Partido”, anterior film del director, me dejó la impresión de que no era una buena película y de que el director era un pelmazo; pero podía estar equivocado porque era una única película. Ahora sostengo firmemente que ambas películas son una mierda y que todo lo que ha hecho Burman es entretenimiento para viejas de clase media que se emocionan porque su hijo o su nieto triunfan en el mundo profesional y amoroso. Sin embargo, me sigo encontrando con gente que elogia a este infame subproducto de una visión burguesa de las relaciones sociales y, como ya habrán notado, encima ha salido como favorita candidata al Oscar.

Es evidente, ante esto, que mis impresiones claras y firmes están teñidas de una gran subjetividad. Quisiera que los lectores de este iracundo blog opinaran sobre esta película y me hagan ver todas esas cosas que sí vieron quienes la votaron para el Oscar. O acuerden conmigo en que nada bueno puede esperarse de Daniel Burman.

martes, 5 de septiembre de 2006

based on a true story


Hace poco me hicieron ver una película de tiburones en la que no pasaba nada. Básicamente, a una pareja que se queda por error en medio del mar se la comen los tiburones. Aquellos que la vieron recordarán el título; para los que no, ni vale la pena mencionarlo. Se trata de una película de bajo presupuesto, con una sola cámara, que recientemente ha tenido mucho éxito de taquilla.
La película, en su aspecto argumentativo, no tenía momentos destacables. Pero, para dar fuerza a esta debilidad argumentativa, tanto quienes me la recomendaron como la misma imagen de la tapa del DVD decía: “basado en un hecho real”.

A veces me da por contar historias y mucha gente insiste en preguntarme: “¿Eso pasó de veras?”. Y no me tomo el trabajo de contestar lo que debería:

Cualquier narrativa debe sustentarse por sí misma.

Ese es el principio que asumo ante las novelas, los cuentos, los guiones de película, las cronologías históricas y los catálogos de oferta de los supermercados.
Un mal guión no se salva porque alguien le añada que “está basado en un hecho real”, porque toda historia (sea con pretensiones de reproducir la realidad, o con pretensiones de ficción) es una construcción a partir del punto de vista de alguien. Incluso, lo que sea un “hecho real” es algo discutible y en continuo proceso de resignificaciones e interpretaciones. Cuando la narrativa es muy, muy mala e inverosímil no se puede apelar a que fue la realidad la que proveyó tal narrativa, porque la realidad no provee de nada a menos que hagamos una interpretación de ella. No existe un hecho desnudo y objetivo, ni un lenguaje neutro que sirva para comunicar tales hechos. Aun el lenguaje científico está impregnado de subjetividad. Los hechos reales nos son por completo inaccesibles.

Por otra parte, ¿Cuál es esta obsesión con la realidad? ¿Dónde está la motivación de quien va a entretenerse al cine preocupado por si lo que ve es mentira o verdad? “No me gustó Patch Adams, pero después cambié de opinión porque es una historia verdadera”, escuché decir a un espectador de cine con criterio vacilante (Espero no verme en la obligación de aclarar si este comentario es real o ficticio). ¿Qué fue lo que entendió este espectador para considerar aceptable algo que había descartado por ser un bodrio? Nada menos que la ficción de la realidad. Hay algo que tranquiliza a los espectadores y que le hace el trabajo más fácil a los cineastas y cronistas de noticieros: la realidad está ahí, accesible, de una vez por todas y la hemos captado con nuestras cámaras.
La ficción es esta: hay una conexión entre el lenguaje (verbal o en imágenes) y el mundo real. La otra ficción, más peligrosa es: la realidad tiene límites claros, precisos, y esos límites pueden conocerse si de antemano nos dicen de qué lado del límite están las historias que nos cuentan.

(Este post debe considerarse como una parcela de la discusión que abrió Mauro Fernández en su último post: “los periodistas son peor que la policía”. Casi todo lo que yo diga de aquí en adelante será, de manera inevitable, un subconjunto de los problemas que con tanta agudeza vio Mauro)

lunes, 17 de julio de 2006

Matrix Reembolutions

Me gustaría poder hacer una crítica sincera, pero...

Matrix (la primera parte) me pareció genial, "de culto", llena de ideas estimulantes, una de esas pelis que uno dice "¿por qué a mí no se me ocurren cosas así?" y que no molesta volver a ver las veces que sean.

Dicen que segundas partes nunca son buenas (excepto en el caso del Padrino, donde cada parte es mejor que la anterior; y la tercera es la mejor de todas). Si los hermanos Wachowski se hubieran abstenido de continuar la saga, la cosa quedaba bien, pero o bien sintieron necesidad de dar explicaciones que nadie les pedía (no aclare que enturbia, dan ganas de decirles) o bien (me parece más probable) vieron el filón, calcularon rápidamente la cantidad de metálico que se añadiría a sus ya abultadas cuentas bancarias y nos propinaron una Matrix "recargada" de detalles innecesarios; que las escenas de interiores en Zion, que el Merovingio, que el arquitecto, que los poderes especiales de Neo, que la mar en coche; todo en medio de la superabundancia de efectos especiales que de unos años a esta parte reemplazó a la inteligencia y a la capacidad de contar historias en el cine mainstream anglosajón. Lo único rescatable de la película para mí son los escasos minutos de la "rave" en Zion (evidentemente, un guiño puesto para ganarse al público destinatario de la serie). Salí del cine con el firme propósito de no ver la tercera parte.

Ayer andaba aburrido y se me ocurrió meterme en un video a ver si encontraba algo. Puesto a elegir entre volver a ver alguna peli buena o arriesgarme con alguna comedia romántica, un policial o una de terror que no hubiera visto, decidí sacarme las dudas y ver de una vez por todas la tercera de Matrix.

Y me gustaría poder hacer una crítica sincera, pero... no llegué ni a la mitad. Qué quieren que les diga, me aburrí. Me embolé. Saqué el DVD más o menos por la escena donde Morfeo* y los suyos se están alistando para ir a combatir con las máquinas, mientras Neo se la lleva a Trinity en otra nave de combate (no hay nada que hacer, nada como un buen vehículo para tener levante) y encuentran siempre alguna excusa para abrazarse apasionadamente como noviecitos-hermanos-amantes andróginos que son los dos.

O sea; no sé cómo termina la película, ni me interesa. No me cuenten el final que creo que lo puedo adivinar, a ver: ¿ganaron los buenos, no? Al agente Smith y sus infinitos clones lo formatearon, lo deletearon, lo devirusaron... ¡o se hizo bueno! Neo y Trinity sobreviven, pero se muere Morfeo (o la Pitonisa, era boleta desde el principio), alguien tiene que morir. ¿Ando muy errado?

Por si no se dieron cuenta todavía: el cine de acción no es para mí. Con decirles que me aburrí como una ostra con El Señor de los Anillos.

Bueno, ya dije lo que tenía que decir... ahora sólo me queda apretar los dientes, segregar adrenalina, activar el instinto de "pelea o huye" y esperar. Cuando quiera, Mauro.

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*En el contexto de la tercera parte, el nombre Morfeo adquiere para mí connotaciones especiales.

lunes, 3 de julio de 2006

Yo podría...

...fingirme crítico de cine por un rato y procurar una exposición objetiva de lo que vi; diseccionarlo decididamente con la agudeza de mi bisturí analítico y no permitir que las emociones interfieran en lo más mínimo en mi testimonio; separar los tantos y hablar un poco del guión y otro poco de las actuaciones, de las bellas imágenes y de la fotografía; sin olvidar, claro está, la estupenda banda sonora.

Podría tal vez destacar la dolorosa actualidad atemporal (es decir, eterna) del tema; y también mencionar los premios cosechados, incluyendo (por citar algunos): Mejor Película, Premio del Público y Premio Ecuménico en el Festival de Berlín 2005.

Podría comentar, como al pasar, que salí del cine mudo, algo que creo no me pasaba desde La lista de Schindler. (Y créanme, no es fácil taparme la boca.)

Tal vez podría decir que más o menos por la mitad de la proyección me di cuenta de que iba a ser una de esas películas que el público aplaude al terminar (y vaya que no me equivoqué); sin importar que no esté allí ninguno de los realizadores para recibir los aplausos (se aplaude para sacarse las ganas de aplaudir, para concelebrar lo visto con los desconocidos en la oscuridad de la sala, como diciendo: estuvimos aquí y lo vimos, y no lo olvidaremos). Porque hay historias que después de verlas uno se siente, inexplicablemente, un poco mejor persona (seguro que les pasó alguna vez). Logran aquello que, en su célebre definición de la tragedia, Aristóteles propuso como objetivo del arte dramático: la catarsis, la purificación de las pasiones del espectador por medio de su representación en la ficción. Un enjuague lacrimal del alma. (Pero, che, los hombres no lloran.)

Podría decir esto y mucho más, pero prefiero no hacerlo, porque ¿saben qué? yo no soy crítico de cine. Y además, por mucho que yo hablara, no habría en mí elocuencia suficiente para explicarles por qué creo que ninguna persona sensible y amante del cine puede dejar de ver "Ser digno de ser" (Va, vis et deviens), de Radu Mihaileanu.

Así que, ya lo saben, todos a comprar su entradita y los que quieran después escriben aquí su comentario. Pero en serio se los digo, tienen que verla. (Mi calificación: excelente.)

viernes, 26 de mayo de 2006

ví una película francesa que se llama "alta tensión" y al final me dio pena, el director se llama "ajá"

resulta que esta película está buena
y al mismo tiempo es muy pelotuda

la pelicula es efectista y efectiva, efectiva en su efectismo:
da bastante miedo,
tiene una fuerte tensión narrativa,
es bastante económica de recursos,
juega casi inteligentemente con algunos lugares comunes del género,
a veces te parece que los tajos te los van a dar a vos,
los gritos y las caras de miedo son creíbles

pero es pelotuda
porque al final los tipos se ponen ingeniosos

el giro ingenioso
es muy previsible, y es este:
ahora van a ver que ella que era la víctima resulta el victimario,
su personalidad está desdoblada para sorprender al espectador,
y una parte muy específica de lo que vieron en el cine era su imaginación delirante

y es muy feo desde todo punto de vista el yeite ingenioso:
convierte una narración ajustada en otra llena de incongruencias,
instaura la justificación psicologista como necesidad,
propone la locura como solución de todo,
hace desaparecer a un malo tan puro que daba gusto

este tipo ajá tenía casi una buena película,
pero la cagó su ideologia justificatoria, formalizada en el ingenio
se puso pretensioso y resultó estúpido

concluyo:
la exhibición de lo ingenioso es enemiga de lo artístico,
una historia que se justifica innecesariamente puede resultar de terror

lunes, 22 de mayo de 2006

El Código Da Vinci: Una película de mierda (4)

A usted le muestran un tridente y enseguida dice: “¡El diablo!”. No, señores: ampliamos la imagen y el tridente es en realidad el atributo del dios griego Poseidón. Le muestran una madre amamantando a su hijo y dice (usted tiene una propensión a asociar imágenes con la iconografía cristiana, y a vociferarlas cada vez que realiza una asociación): “¡La Virgen María y el Niño Jesús!”. No, no: si miramos bien, se trata de dos deidades egipcias. Así, una sucesión de imágenes viene a contarnos (por si no lo sabíamos) que casi toda la iconografía cristiana tiene antecedentes paganos. Tom Hanks hace de profesor de simbología y se le nota que no sabe mucho: lo único que puede decir sobre los símbolos es que “una imagen (es decir, un símbolo) vale más que mil palabras”… ¡Como si las palabras no fueran a su vez símbolos!

Superados los exabruptos y el juego de perspicacia visual, comienza la cacería. Hanks, después de esta extraña conferencia en la que sólo muestra imágenes, es requerido por la policía porque lo van a acusar de asesinato y se mete en una trama insoportable e inverosímil. Tiene que descubrir claves cada veinte segundos; todo el tiempo hacen referencia a textos que repiten una y otra vez para que el espectador se acuerde, y las claves se descubren por anagramas imposibles, o por conexiones ad hoc. Cuando se ve en apuros, se escapa con Sophie, la chica que lo ayuda y aprovechan el escape para contarle cosas al espectador: detalles del pasado, por qué cada cual es quién es, etc. Hay cinco o seis persecuciones en auto; respecto de estas uno puede sacar en limpio que los policías franceses son pésimos conductores.

No tiene buenas imágenes, ni buenas actuaciones, ni una trama interesante. No funciona como entretenimiento y sólo tiene un mérito: sembró la duda en muchos católicos timoratos.

Pero, ¿cuál es el papel de lo religioso en este mamotreto de dos horas y media?
A través de complicadas claves y de textos falsamente reveladores, se descubre que Jesús tuvo una pareja; que se casó con María Magdalena y que ambos tuvieron descendencia. En el cine, cuando uno de los personajes comunicaba estas revelaciones, la gente decía “ooooohhh”, como si los autores de la película se hubieran metido con algo muy sagrado. El Opus Dei está representado caricaturescamente por dos tipos fanáticos que de lejos ya dan miedo. Pero nada nuevo: muertes, azotes, poder. (Cuándo no, el tipo del Opus Dei es español; lo que recuerda muy bien al Torquemada de la época inquisitorial)

Ahora bien: si el Opus Dei, o la Iglesia en general se sienten agraviados por esta película, entonces quiere decir que son tan idiotas como los pinta la caricatura. Quizás lo que la iglesia teme, sabiendo el tipo de público que va a consumir este bodrio, es que los católicos (especie religiosa caracterizada por el poco conocimiento de su propio dogma) se lo crean. Y la verdad es que, para uno de esos católicos que se dicen católicos pero que abandonaron sus ritos después de la comunión, es probable (mínimamente) que esta película les haga poner en duda su precaria fe.

Yo no tuve formación religiosa. A mí me importa un carajo con quién se casó Jesús, si se casó o si tuvo hijos. Si es hijo de Dios, me alegro por él. Pero supongo que el Catecismo ha influido bastante en la mente de algunas personas, y que hay ciertos dogmas que, aunque no los practiquen, los tienen instaurados como si fueran un chip. Pero como muchos católicos rara vez siguen su dogma (son católicos sólo porque no comen carne en semana santa) a veces les da por coquetear con la herejía. Y esta película los hace sentir herejes sin culpa. Un (falso) católico, ante esta película, da rienda suelta a sus “¿Y si…?”. ¿Y si todo lo que sé sobre Jesús hubiera sido una patraña urdida por la profesora de Catecismo y sus secuaces? ¿Y si Adán no hubiera sido el primer hombre? ¿Y si María Magdalena no hubiera sido prostituta? Pero claro, es un juego, porque salimos del cine y seguimos siendo católicos. “Qué buena película; me hizo sentir hereje por un rato. ¡No voy a perder el cielo por fingir herejía un ratito!”

No hay mucho más. Si alguien vio “El quinto Elemento”, hay una parte importante de la trama que es común a ambas. Y el quinto elemento, no jodamos, es una muy mala película.
Como no podía ser de otra manera, el Código termina con una reflexión final de Tom Hanks que puede resumirse en estas sabias palabras new age: “cree en lo que sientas”.
Después de esas palabras hay otra revelación que se descifra a partir de un texto ya machacado varias veces.

Si a usted le gustan las películas en las que una cofradía religiosa y la policía francesa persiguen a unos tipos que descifran claves para obtener ciertas revelaciones y que cuando se las ven feas se escapan en auto, vaya al cine. Le esperan dos horas y media de pasión. Y, si es católico, tiene el plus de que se va a poder tapar la boca de vez en cuando y decir “oooohhh”.

Vi El Código Da Vinci.

Hoy, domingo 21 de mayo, me levanté y mi gato no estaba.

Cada vez que no lo veo tengo un mal presentimiento. Enseguida busco en el patio, en el pasillo; llegado el caso miro el techo y enseguida aparece. Mientras estoy en el techo, aparece desde el pasillo. Mientras busco por segunda vez en el pasillo, aparece desde el patio. Los gatos tienen esa virtud furtiva de aparecer desde el lugar en el que un segundo antes lo hemos buscado. El mal presagio se disuelve y me olvido enseguida.

Hoy no estaba y no apareció de golpe.

Lo busqué durante cinco horas. Recorrí techos y paredones; grité su nombre cada vez que me paraba en un punto alto. En algún momento escuché un maullido; cuando me acerqué a la casa desde donde parecía provenir, descubrí que era el llanto de un bebé. Investigué la arquitectura de las casas que rodean a la mía. Hice complejas hipótesis acerca de la capacidad de mi gato para saltar, esconderse, echarse a dormir en tal o cual lugar. Lo busqué por la vereda, árbol tras árbol. Formé una patrulla con niños que jugaban por la manzana y ellos me daban pistas que contenían secretas esperanzas o nuevas desesperaciones: “Vi un gato blanco que cruzó la calle y se fue a lo de una viejita que cuida gatos”; “me pareció verlo; un perro lo sacó corriendo”.

Siguió sin aparecer.

Salí de mi casa con una angustia insoportable; con la conciencia de haber hecho todo lo posible y sin embargo a sabiendas de que, quizás, él estaría en algún lugar desde el cual no puede volver. Y necesitaría mi ayuda. La tarde estaba cayendo y la falta de luz hacía peligroso subir una vez más a los techos.

Fui a parar en el cine. No tenía mucho para elegir; “Scary movie 4”; “La era de hielo 2”; “La llamada fatal” (Creo), y una con Denzel Washington. Escuché por canal 13 que El Código era un buen entretenimiento.

Había mucha gente. Mientras estábamos en las butacas a la espera de que se apaguen las luces, un imbécil se puso a contar la película. Otro imbécil comentaba lo bueno que estaba el libro. “Yo voy por la mitad”, decía uno. “Ah, yo lo estoy terminando”, decía otro para vanagloriarse.
Cuando las luces se apagaron, empezó la cola de Bañeros 3. Todos los presentes se rieron con los chistes sobre culos y muchos dijeron “esta la tenemos que venir a ver”. Ninguno se privaba de comer pochoclos o cualquier otra mierda que hace ruiditos tanto para sacar como para masticar.

Cuando finalmente empezó la película, el mejor entretenimiento fue un niño de no más de cuatro años que no paró de hablar, de gritar y de llorar. Por supuesto, nadie apagó sus celulares; de modo que cada cinco minutos sonaban ranitas, cumbias villeras o ruidos de la selva. Todos tenían que contestar los llamados. “Sí, estoy en el cine viendo una película buenísima. Chau. Después te llamo. (pausa) ¡En serio!... ¡No te puedo creer! (pausa) ¿Y vos qué le dijiste?”.

Cuando salía del cine muchos comentaban que había sido una película excelente. Si me sintiera mejor, diría algo sobre ella. Tal vez mañana. Sólo diré que cada película tiene el público que se merece: en este caso, cristianitos que abandonaron a su grey después de la Confirmación, quienes suponen que hablar sobre Jesús es rozar la herejía. A los catoliquitos que comen pochoclo y hablan por celular les encanta la fantasía de ser herejes. Ver esta película, para ellos, es como reírse de que al cura se le ve el rabillo del culo a través de la sotana.

Pero ahora es de noche, hace frío, estoy solo y mi gato no volvió.

miércoles, 17 de mayo de 2006

Vi una buena película

Hay que prestar atención a la metáfora que se desprende de la imagen: una pelota de tenis que pasa por encima de una red. No se ve a los jugadores; sólo la pelota que va y viene. En algún momento, la pelota toca la red y se va hacia arriba. No se sabe de qué lado va a caer. Luego desciende y un segundo antes de que el destino esté claro y sellado, la cámara se detiene. Una voz en off dice algo que en ese momento puede tener al menos dos sentidos contrapuestos: es revelador, o es banal. Se dice algo (no lo recuerdo literalmente) acerca de la suerte. Algo así como “si todos supiéramos la cantidad de suerte que ha intervenido aun en aquellas decisiones mejor estudiadas, no seríamos tan... (¿soberbios? ¿calculadores? ¿meticulosos? No recuerdo el tenor del adjetivo)”

La imagen, la metáfora y lo que dice la voz en off suenan pueriles. La genialidad está en que estos elementos se conjugan perfectamente para que la metáfora adquiera un sentido pleno en un acontecimiento posterior, y que uno pueda releerla sin ese escozor que provocan las sentencias desgastasdas y las imágenes muchas veces vistas en películas mediocres o en sueños inverosímiles.

El resultado es que, para llegar a develar la metáfora, el espectador en apenas diez minutos de película ya se encuentra inmerso en una trama tensa y dinámica, en la cual resulta difícil predecir los acontecimientos inmediatos. En realidad lo poco que uno puede predecir, se consuma rápido y pasa. No se crean falsas expectativas con hechos que luego no ocurren. Y lo que ocurre no defrauda.

La diferencia entre los buenos narradores y los malos no está en el tema que hayan elegido, sino en jugar sutilmente con unos pocos elementos que pueden sonar a ya vistos y escuchados, y hacer de ellos una historia interesante y sin golpes bajos.

Aunque no podía faltar (y quizás sobraba) el costado psicológico del autor, quien cedió a la tentación de hacer hablar a los muertos desde la voz de un dilema ético, en un tal vez innecesario monólogo entre varias facetas de una misma conciencia.

La película es “Match Point”, de Woody Allen.