Alguna gente está empezando a darse cuenta de que, cuando alguien opina que algo es “interesante”, está evitando opinar sobre el asunto. En su uso coloquial casi descuidado, habitual y amable, la expresión instala claramente el recurso irónico, refiere a su contrario: el desinterés. Incluso, la evidente ironía (alguna de cuyas posibilidades retóricas están entre las más reconocidas públicamente) subraya el desplazamiento: el desinterés está pespunteado por el rechazo, el desprecio. Aquellos a los que les piden opiniones sobre distintas cosas, solían usar mucho este recurso para zafar; ya casi no se puede. Es parecido decir que una mujer que resulta poco atractiva o seductora es “simpática”, o de un hombre sin gracia que es “agradable”.
Habíamos hablado de estas cositas por aquí, a propósito de estas y otras expresiones, de cómo el cambio de sentido diacrónico, por momentos, puede traicionar al descuidado de la lengua, incluso al cuidadoso.
Invitados estáis, Sub lectores, a convidarnos con vuestras propias observaciones acerca de estas desviaciones de la lengua.