
Rexina (nunca para mi será "Rexona", por memoria generacional) puso hace poco una publicidad en tele con axilas que adentro tienen labios que hablan. ¡Pero qué cosa tan desagradable, dios! ¡¿Vende una publicidad desagradable? ¿Me van a venir ahora a mí a decir que por algo posteo sobre este asunto, y que eso demuestra la efectividad, la llegada, la nosequé del creativo de la agencia de etc.? ¿Me van a venir a decir que solo para mi es casi intolerable porque tal vez tenga cierta cosa en la cabeza? El asunto me recuerda una charla en radio con un perdido y querido amigo, el novelista y docente Luis Emilio: ¿qué cosa es monstruosa?. Masomenos concluíamos, creo recordar, que la monstruosidad es un asunto de proporciones, p.e. : una araña pisable no es monstruosa, una araña con un ojo como tu cabeza sí lo es. Es decir: la medida -la referencia- de los monstruoso es el lugar (la organización) del cuerpo de uno con otros objetos en el espacio, la relación atávica de la proporción (la común y la propia) imagen del cuerpo y organización de las sus partes, con otras en las que eso cambia. La descomposición, entonces, es una de esas relaciones (sintáctica) potencialmente monstruosas, motivo por el que el cubismo, tal vez, haya resultado desagradable hace casi un siglo. Aquellas vanguardias, tan viejas ahora, tan comunes ahora, siguen insistiendo. Una boca adentro de un sobaco es como una concha que sale con dientes de otra concha y te acecha, ya lo sé, y es otra (otra más) versión de Alien I. ¿Pero por que Alien I, hace como 30 años, no me daba tanto asco como la publicidad esta de desodorante?

