miércoles, 17 de mayo de 2006

La pelotudez ideológica

Hace poco una persona me preguntó si yo no iba a ver cierta película “por cuestiones ideológicas”. Entendí lo que quiso decir: por alguna razón, él (quien se autocalificaba como “de ideología de izquierda”) suponía que yo profeso una “ideología de derecha” y, como la película es “de izquierda”, yo seguramente tendría reparos para verla. (Como Ana San Marín, no voy a dar el nombre de la película porque, para este caso, es irrelevante)

Aclaraciones: ni esa persona es “de izquierda”, ni yo soy “de derecha”, ni “izquierda” ni “derecha” son nombres de ideologías, sino de (muchas veces vagos) pensamientos políticos. Y yo jamás me fijo en ese vago pensamiento cuando voy al cine. Pero a las personas “de izquierda” (sobre todo cuando se autocalifican como tales) es difícil convencerlas, porque estar en desacuerdo con ellos implica que uno es “de derecha”.

Claro, un pensamiento político está fundamentado en una ideología. Pero también lo está cualquier otro pensamiento. Por eso, de todos los términos de los cuales pudiera predicarse la pelotudez, los términos ideología e ideológico llevan una clara ventaja. La ideología es un conjunto de ideas que fundamentan una doctrina.

Esa definición desabrida tiene algunos matices: durante el siglo XX algunos pensadores descubrieron:
a) que no es posible escapar de lo ideológico
b) que lo ideológico opera de manera inconsciente.

Lo único que podemos hacer es trabajar lo más profundamente para sacar a la luz una serie de supuestos que (en principio) fundamentan nuestra ideología.
El problema es que, si lo ideológico es inconsciente, no puede ser justificado racionalmente. Una condición tan fuerte no puede ser verdadera ni falsa, porque se convierte en una especie de fondo de cualquier pensamiento o discurso. En otras palabras, no puede ser discutida ni mencionada ni pensada.

El mandato parece ser que, cuando uno habla, si se da cuenta de ciertos supuestos ideológicos, es de buena voluntad hacerlos explícitos. Y es de mala voluntad hacer algo que aparece bajo el ropaje de cierta ideología y que, sin embargo, pertenezca a otra ideología.

¿Pero cómo sé yo cuáles son mis presupuestos ideológicos? ¿Cómo puede saberlo otro, si ni yo mismo lo sé?: si yo digo cuáles son mis presupuestos ideológicos, debo tener presupuestos ideológicos que sustentan el hecho de que yo explicite mis presupuestos ideológicos. Por lo tanto, debo explicitar esos segundos supuestos ideológicos. Pero he aquí que estos segundos supuestos están sustentados en terceros supuestos, y así hasta el infinito. Por otra parte, ¿cuáles son los presupuestos ideológicos que llevan a alguien a pedirle a un tercero que explicite sus presupuestos ideológicos? ¿Y cuáles son los presupuestos ideológicos que sustentan a esos presupuestos? Puesto que lo ideológico, al igual que lo simbólico, se refuerza por el disimulo, ¿qué estoy ocultando cuando muestro lo que debería estar oculto? ¿Y qué muestro cuando creo estar mostrando algo que estaba oculto? Es un juego de nunca acabar, en el cual cuanto más explicito, más estoy ocultando.
En este juego hay una falacia sustancialista: “debajo” de lo que se dice o se omite, hay algo sustancioso que le da forma a eso que se omite o se dice. Pero como siempre hay algo debajo de lo que está debajo, en algún momento debemos detenernos, no por haber llegado al último bastión de la ideología, sino por fastidio, por cansancio o por satisfacción. Como en cualquier otro juego.

La película no me gustó. Ergo, soy de derecha.

7 comentarios:

mir77 dijo...

facho!

el Cóndor Pasota dijo...

Che, Bandana no es facho, es de derecha, che.
Este post me ha hecho pensar que para conocer la ideología de una persona bastante ilustrada, es buen truco preguntarle cómo define ideología.

Bandana dijo...

Hmmmm... Pasota, ¿qué supuestos ideológicos esconde detrás de ese pensamiento?

Es cierto, depende de cómo se define "ideología". Pero no estoy seguro de que aun las personas bastante ilustradas sepan definir ese término.

(aclaro que yo saqué la definición del diccionario, y tomé en cuenta algunos aspectos que mencionan Ricoeur, Podeti y Klimovsky)

Lo que me causa gracia es esa suerte de 'persecución por la ideología', como una especie de sospecha permanente de que el otro nos está traicionando aun sin saberlo. Es una actitud que he visto, por ejemplo, en personas de un centro de estudiantes de humanidades. También la he visto en gente de las Fuerzas Armadas. Me sorprende cómo en muchos puntos los extremos se tocan.

el Cóndor Pasota dijo...

Es asi amiga. Nosotros los de izquierada somos paranoicos, porque ustedes los de derecha tienen el poder. A la policía hay que vigilarla.
(Ah, eso de que los extremos se tocan es otra mentira de la derecha)

Arbitrario y paranoico dijo...

Hay algo q me hace ruido en todo esto, y si no es ruido al menos un poco de murmullo...
Es probable q la ideologia sea inconciente, adhiero bastante a esa teoria,pero esta teoria tiene diferentes interpretaciones ideologicas, y la interpretacion fachista, derechosa o hija de puta es la que acaba de hacer este muchacho q no queria ir al cine.
Como la ideologia es inconciente, no se maneja, entonces cualquier presupuesto ideologico esta justificado o al menos comprendido. Lamento decir q no es asi. Conciente, inconciente, racional, irracional, tu ideologia es tuya y hacete cargo hermanito. Si sos facho, sos facho y si es inconciente, me dan ganas de cagarte a patadas en el culo con toda mi inconciencia, ergo, no podras decirme nada porq lamento informarte q cada uno de los puntinazos q voy a acertar en el medio de tu ojete son absolutamente inconcientes.
Pero me atrevo aaegurar q los dolores de las patadas en el culo seran conciente y seras muy conciente del motivo por el q te las ganaste.

Bandana dijo...

Señor Arbitrario y Paranoico: lamento que no haya entendido mi post. No sé a quién se refiere con "el muchacho que no quería ir al cine"; yo sí quería ir al cine y de hecho fui. Por cualquier duda, le recomiendo releer el post y tomarse el trabajo de entenderlo (algo muy provechoso, si se lo mira bien)
Por otra parte: mi pensamiento político está ubicado en la izquierda, y el texto es un poco un chiste en el cual (de acuerdo a dudosos criterios) uno pasa a ser "de derecha" si a alguno de la (supuesta) izquierda no le cae bien una opinión. En este caso, uno es de derecha si no le gusta una película que sí les gusta a "los de izquierda". En ese punto, esa clase de izquierda se es en realidad un fascismo disfrazado. Voy a los ejemplos. En el lugar donde trabajo, existe un consejo departamental conformado por personas "de izquierda". ¿En qué consiste su "izquierda"? En pregonar la revolución, en vigilar a quienes no la pregonan, y en otorgarse privilegios arbitrariamente y rechazar cualqueir opinión que les critique esos privilegios, porque tal opinión contraría a sus propios intereses. ¿Es eso izquierda? Claro que no. ¿Es derecha? Tampoco; es un pensamiento esquizofrénico y egoísta. Ahora bien, yo (de acuerdo al criterio de esta gente y, seguramente, de "arbitrario y paranoico") soy un facho porque critico a esta gente "de izquierda". De igual modo criticaría a alguno de derecha; pero es un lugar común: ya todos sabemos que la derecha es repugnante y despreciable. Por eso me centré en la izquierda -en la falsa izquierda, claro. Ese egoísmo repugnante lo encuentro en mi propio ámbito de trabajo entre personas que dicen ser de izquierda. A su vez, si uno no usa un morral, un pantalón de grafa, una remera del Che y un poncho, no es de izquierda - como si la izquierda tuviera su propio estilo de vestimenta. A eso (a que tanto personas de derecha como de izquierda utilizan su pensamiento político para vigilar sus privilegios y castigar a quienes los critican) me refiero cuando digo que los extremos se tocan en muchos puntos. Yo soy de izquierda; mucho más auténticamente de izquierda que estas personas que mencioné más arriba.

Juan Manuel dijo...

Acuerdo. Lo que pasa es que la idea de ideología en su origen piensa que el lenguaje en algun punto puede ser transparente y mostrar las cosas "tal cual son". Todo es ideológico porque el lenguaje es inmotivado, y entonces hacemos sentido desde el lugar en que nos ubiquemos. Ahora, ¿vale la pena ver que hay debajo? si, porque de lo que se trata, justamente, es de desnaturalizar aquellos sentidos que se muestran "esenciales". Ya no se trata de mostrar la realidad que era distorsionada por la ideología, sino los mecanismos como operan.
Saludos!