martes, 24 de agosto de 2010

Memoria actual sobre Juan


Mi queridísimo amigo Juan se enteró de que tenía cáncer un día después de que había nacido su primer hijo. Año y pico después, hoy mismo, se murió mi amigo. Lo conozco desde el ochenta y ocho masomenos (nunca sé bien las fechas), cuando él ponía con gusto los discos y yo hablaba cínicamente del futuro en una efeeme pobrísima. Él usaba anteojos gruesos de carey, yo usaba unos lentes redondos dorados con patilla flexible tipo Lennon, y una vez los intercambiamos para ver quién veía qué cosa en esos vidrios. Yo estaba tapado de barba y pelo hasta los hombros y vestía de negro todo, él tenia el pelo normal y vestía lo más desapercibido posible; los dos hablábamos poco pero bien ente nosotros. Aunque tal vez nos hayamos conocido antes, en algún atardecer, todos medio inconcientes por las sustancias que hubiera, escuchando a Gentle Giant en la casa del Nagú. Juan es cuarentón, íntimo del trotskismo alumbrado aquí en los sesentas, obrero gráfico, lindo pibe, de constitución orgánica roquera tirando a sinfónica. Es un padre amoroso, es un hombre que admiro y quiero. Como a los quince estuvo por azar a punto de morirse aplastadísimo en un auto, tenía una relación delicada y atenta con eso, había quedado quebrado por todas partes y cosido de arriba abajo. Un tiempo se fue a la costa española y le hacia tatuajes a la gente en la playa -constancia de obrero gráfico- pero no se hacía dibujos en su propio cuerpo: “yo uso cicatrices, no tatuajes”, así es que decía su materialismo histórico personal. Tal vez en ese tiempo de casi morirse de tan chico, de conocer un asunto que otros a esa edad no conocen, es que se templó Juan tan bien como estaba templado (Posiblemente él odiaría esta interpretación cristianoide mía de la moral pero, como está muerto, se jode). Mi querido amigo Juan era justo, bueno, implacable, impecable; es esa gente que sabe hacerte sentir el amor sin mencionarlo nunca. A la vuelta de España, un tiempo después capaz, me llamó. En estos años de ahora comimos empanadas de carne, hablamos cariñosamente mal de algunas mujeres, escuchamos mil discos a altísimo volumen. Un poco me gastaba por no ser yo tan recalcitrantemente marxista como su honor hubiera deseado, aunque la paralela militancia obrera nos comprendiera un poquito más allá de las amables ortodoxias. El último disco que escuchamos juntos fue NEWS, de Prince. Antes de eso, un día, fuimos chicos de vuelta, emocionados mal, en un recital de Jhetro Tull con ese viejo tan vivo; y después fuimos al recital de los Colours: él me arrastraba más cerca del escenario (ahí volaban cuerpos de pibes y a mí no me gusta mucho que me toquen en público) para sentir –dijo- el bajo en cuerpo. Juan es la persona más confiable para mí que yo conocí en mi vida, yo me alegro bastante de habérselo dicho en su momento así como lo digo hoy en su cara que se reía; y sospecho que somos unos cuantos que sentimos eso por mi queridísimo amigo Juan.

4 comentarios:

Jorge Mux dijo...

Me da mucha tristeza este post, Mauro.
Te mando un fuerte fuerte abrazo.

Natalia Molina dijo...

un abrazo inmenso, mau.
llegué a quererlo a juan sin conocerlo por tus comentarios acerca de él siempre.
un brindis por él, por la amistad, por que volvieron a ser chicos en el recital de jhetro, por esa vida vivida intensamente.por las palabras que pudiste decirle en su momento, y por esa risa.
salud!

Diego Perdomo dijo...

Un gran abrazo Maurito, y otro a la familia de Juan.

Marta dijo...

veamos, si sos capaz de hablar asi de mi que todavia estoy viva,
si sos capaz de abrazarme con palabras, como antes y ante una pena mia, lo hiciste con tus brazos