lunes, 23 de marzo de 2009

¿ya hubo bastantes videitos estivales?. EL SUBMUNDO REGRESA AL PENSAMIENTO

EL POETA SEBASTIÁN MORFES
ME MANDÓ ESTE POST
QUE EL POETA MATÍN RODRIGUEZ
ESCRIBIO EN SU BLOG
(www.revolucion-tinta-limon.blogspot.com/ )
Y ME GUSTÓ

Hoy escuchaba a un compañero recordar una comparación temprana que había hecho en relación al incipiente kirchnerismo, decía que a él se le representaba mas parecido al yrigoyenismo que al peronismo, en el sentido de que el kirchnerismo también carece de sujeto. Y las bondades relativas de que quienes conducen a un proyecto político, corran tanto por izquierda a la sociedad, construye una dinámica demasiado superestructural, e, inversamente, tiende a acentuar el conservadurismo de sus propias bases. Algunos no sólo creemos que el kirchnerismo está a la izquierda de la sociedad, sino que la política está a la izquierda de la sociedad.

Pero hoy, el entrelazamiento total que las diversas oposiciones asumen a través de los medios con la expresión del sentido común anti-político, entierra su vaguedad discursiva: ahora mucha gente dice-lo-que-piensa. Volver al FMI, recetas de ajuste, mano dura, y la defensa explícita de "grupos concentrados", es el balbuceo cada vez menos balbuceante de una oposición que abona a darle al sentido común anti-político un carácter definitivamente anti-kirchnerista. Hacer política para la masa opositora significa tragarse todos los sapos de los discursos de disconformidad social y encolumnarlos contra el kirchnerismo. Hoy pensaba que aún la Alianza (proyecto por el que no me conmoví en su momento) estaba a la izquierda de lo que hoy es, digamos, su lugar histórico: la CC, los radicales y el socialismo. Claro, estaban frente a Menem. Hoy se sigue condenando el carácter institucionalista, formalista, de aquel discurso que, leído a diez años, y comparado con lo que hoy se propone como opción radical, es -por lo menos- reformista.

Sigamos: detrás de la avanzada anti-kirchnerista se esconde una concepción nuevamente anti-estatalista, justo cuando el mundo desempolva el óxido de los Estados. La operación opositora se precisa de esta manera: la sociedad sólo sufre las tensiones de lo que el gobierno le hace, y pareciera que las virtudes y los crecimientos innegables de estos años, sólo nos hablan de una sociedad que se sobrepone a las ataduras estatales, que cree en sí misma, que no lo terminan dejar de crecer. Bajo la condena a las prácticas corruptas vuelve la sospecha social de que toda acción estatal, cualquier impuesto, nacionalización, regulación, etc., evade una verdadera trama de intereses, y encubre bajo los "principios de justicia" que podría tener un buen proyecto, una gestión oscura, tramposa. Digamos que hoy una manera de destruir el Estado es poner bajo sospecha la intención verdaderamente estatalista de las decisiones. Pensar al kirchnerismo, de nuevo, como en etapas de un saqueo. También funcionó esta crítica con los Derechos Humanos: lo hacen para tapar otras cosas, para encubrir sus giros a la derecha, para ¡acumular poder! Como si la propia materia delicada y trascendente de los DDHH no fuese suficiente para neutralizar "las intenciones coyunturales" de quien circunstancialmente ocupando el Estado decide saldar la deuda. La operación retórica es poner al gobierno en inferioridad frente a su propia materialidad estatal, ponerlo por debajo de la altura del Estado... para seguir erosionando al Estado, que es el verdadero blanco y enemigo. Un kirchnerismo que no está a la altura del Estado, y que deberá ser superado con una decidida acción de retracción estatal. También en esto se basa esta nueva denuncia de fraude para colocar al kirchnerismo en un lugar de usurpación. Es cierto, el kirchnerismo tiene una sobrecarga ideológica, digamos que en algunas cosas se ha tomado demasiado en serio la tarea. Y ése es su peligro. Ya lo dijmos alguna vez: el peligro de la política es que los políticos son pragmáticos para acumular poder y llegar, pero una vez que llegan... dejan de ser pragmáticos. (Menem creyó como nadie en el consenso de Washington.) Como decía el Tata Yofre: primero fueron por el oro, ahora van por el bronce.

Entre medio, no hay un solo relato ni apelación distribucionista de la oposición que ubique niveles mínimos de conflictividad social, nada se dirime dentro de la sociedad, todo está afuera, y, por el contrario, hay una especie de retórica técnica bajo la cual la distribución llega por el arte de magia de un gran salto universalista, civilizado, que acabará con el clientelismo automáticamente. Todo el empeño está en aprovechar la centralidad del gobierno (que es una de sus virtudes) para potenciar en ella esta dialéctica de lobos y corderos.

Bien, a pesar de todo, el kirchnerismo podría preguntarse acerca de por qué quedó del otro lado la palabra democracia. Del lado enemigo. Uno diría, a 25 años de su recuperación, y mirando desde el lugar posible en el que a uno le toca, que la democracia aparece como el derecho de la gente a que el Estado, y por ende la política, la deje en paz. Eso. No mucho mas. Hoy escuché una brumosa declaración de Moria subida a la moda y pueblo de Susana: que ni siquiera maten a los delincuentes, y que no los manden presos porque eso sale caro, y sale de los impuestos, no sé, que pase otra cosa, algo de lo que ni se entere. En el imaginario de Moria se hace visible de nuevo ese "no lugar" videliano, ¿no?, diría alguien que lee como loco las cartas abiertas. Algo de eso hay.

Es cierto, el kirchnerismo es una experiencia sin sujeto. Sí lo es de sujetados por intereses: UIA y CGT, la columna vertebral de intendencias activas (no sólo las del conurbano), mas algunos aliados que agregan capital simbólico decisivo. Pero no hay un sujeto. No. En todo caso enfrenta a un sujeto combinado entre ganadores de la economía agraria, con toda su fuerte tradición cultural, y una ciudadanía que encuentra siempre atado su vínculo de nacionalidad a ese universo agrario, a esa inmigración que llegó con una mano atrás y otra adelante, a algunos apellidos patricios que preservan su aura respetable. Una Nación sin pueblo, sería traducido con sintaxis revisionista, aunque débil para cifrar este tiempo.

Las plazas del otro lado, las plazas no politizadas, mas o menos numerosas, mas o menos afinadas, sí son capaces de contener a un sujeto histórico al que el kirchnerismo definitivamente le ha dado su razón de ser, y que el 19 y 20 de diciembre mostró en estado germinal. Se trata de la dicotomía con que el alfonsinismo (una gran máquina, quién lo duda) pensó para evangelizar a los racimos de jóvenes que surgían a la escena adulta aturdidos por las dos guerras (la sucia y la de Malvinas): Sociedad y Estado. Las dos preguntas vacantes: ¿cómo construir un Estado posible después del estado en el que había quedado reducido tras el proceso? ¿Y cómo reconstruir la sociedad después de lo que el Estado le hizo? Alfonsín eligió el camino lógico, aunque con sus bordes nocivos: construir la inocencia social. Alfonsín era el buen hombre del partido centenario adentro de un Estado todavía cableado. Hay una situación irreconciliable que el proceso engendró tocando ciertos extremos delicados. Redujo el Estado a una doble condición de superficie brillante de patio escolar y protocolo empresario-militar, con un sótano fangoso.

El kirchnerismo que intentó e intenta volver a poner a la sociedad en una situación política, diríamos, "clásica", se enfrenta con una sociedad difícil, incomprensible, extraña a sus propios aparatos de interpretación social. Se jugó a muerte por una interpretación del 2001, y en ese sentido, viene perdiendo terreno. Fue voluntarista e ingenuo, en un sentido que no lo exculpa ni lo hace irreversiblemente ingenuo.

Aún así, a pesar de eso, por todo eso, vale la pena. Cuando uno vive en una ciudad en la que el macrismo le niega una ley de expropiación votada por todos los bloques a una cooperativa, alegando que para eso tiene que actuar el IVC, y ese mismo año le recorta al IVC el 80% de su presupuesto, uno le pide a los amigos que hagan un bollito y se metan un poquitito en el orto los dilemas morales sobre este proyecto kirchnerista que no quiere ajustar, que no quiere volver a pedirle plata al FMI, y que encima quiere que los clásicos se puedan ver por la televisión pública.

3 comentarios:

Sandra G. dijo...

Largo pero suave, como el de un amigo. Muchas cosillas coyunturales para pensar...

Anónimo dijo...

che mauro, lo viste a charly en luján?

qué decís?

Mauro A Fernandez dijo...

no lo vi, me contaron que daba pena, y como tengo infiltrados en la clínica en la que estaba internado, ya sabía que daria pena. una pena.