miércoles, 10 de mayo de 2006

UNA PELÍCULA DE MIERDA 3

Un intelectual de esos que se dejan la barbita pero no saben tomar del pico me invitó al cine a ver una superproducción yankee (les recuerdo que yo amo las superproducciones y con eso me compran como a una nenita) y ya en los avances empezó con la manito a tratar de ganar terreno para las escenas de miedo ¡Que miedo! ¡Me quieren toquetear en un cine! En fin, estaba lleno de parejas felices que de ahí se iban a procrear, solitarios que se masturban mirándose el pene y adolescentes que gritaban o se reían según indicaban las obvias leyes del cine para ellos, yo azorada encendiendo un cigarrillo que me obligaron a apagar, soportando que mi acompañante se mareara a mitad de película y se fuera “a tomar aire”, pero soportando tenazmente hasta el último de los títulos para poder contar en este blog lo sucedido.
Obviamente no voy a decir cómo se llama la película para evitar generar un boicot o un aluvión de gente que me odia llenando las salas. Lo cierto es que actúa esta actriz gordita y con otro color de pelo que supo ser de las más cotizadas de la industria en aquellos años que se animaba a un front full y tenía todas las costuras por dentro, ahora hace de madre y aunque tiene los mismos ojos con que miraba penes semi-erectos y se reía, ahora los usa para emitir ternura: - ¡Ahhhhh! En esta película la acompaña el carilindo con la nariz más cerca de la boca del mundo, con esa voz con la que otrora supo decir “si me quieres, échame un cable”. Esta película es bien obvia y trata de inmortales. Así de corta, los humanos empiezan a nacer “azarosamente” inmortales (esto en el film se explica mejor y juega un poco con la globalización y que no importa si sos africano pobre o sueco rico, lo importante es ser inmortal. De esto se dan cuenta enseguida las superpotencias del mundo que de inmediato comienzan a rastrear a todas las mujeres embarazadas del planeta para arreglar algo así como un pre-contrato por si resulta que su bebé es inmortal. Obviamente la comunidad toda pone el grito en el cielo (menos la científica que juran que se la veían venir) y se genera una despiadada búsqueda de niños inmortales. Claro que todos sabemos que para saber si un niño es inmortal o no, hay que intentar matarlo. Es por eso que se producen más muertes que grandes hallazgos (las escenas más fuertes son las de las madres matando a sus propios hijos, hay una japonesa que lo revienta a escobazos y el pibe sobrevive en el hospital luego de estar en estado vegetativo diez años, ella va presa y al final el pibe no era inmortal, y la va a visitar a la prisión y lo requisan unos tipos grandes que lo manosean porque creen que es inmortal, una pena todo).Claro que esta película tiende a polemizar sobre los Mesías o Enviados de dios con la recalcitrante y a habitual bobera de los ortodoxos, pero al final están todos de acuerdo y se unen contra un enemigo común que no puedo anticipar de quién se trata pero solo voy a decir que llegan en naves.
A este brillante argumento hay que agregarle un hombre viejo que aparece en varias oportunidades comiendo basura o en alguna otra forma descontextualizada y que a la postre uno comienza a darse cuenta que el viejo también es inmortal porque se deja ver realizando cosas que los mortales no haríamos. ¡Y acertamos! El viejo resulta ser uno de los primeros inmortales que jamás fue descubierto por ningún gobierno, ni presidente de club de barrio, y que al final de la película acaba por desenredar el nudo del argumento a bordo de un auto viejo (atiendan la metáfora) pero que resiste a todo tipo de terreno o daño que le provoquen.
Un párrafo aparte para las escenas de sexo de esta película que como nunca antes en el cine logran incomodar a los espectadores por estar filmadas (en el único acierto del director) desde adentro de los cuerpos.
A medida que la canallada de los guionistas (los mismos que hicieron la de los dragones en los armarios de los chicos en una universidad de EEUU) llega a su fin, uno se va dando cuenta que en realidad desde el minuto uno de la película estuvo suponiendo algo que estaba equivocado y a medida que se va resolviendo uno se siente humillado y con ganas de prender fuego el cine con tanto babieca adentro, algo similar a lo que ocurrió con Sexto Sentido pero en este caso, menos obvio.
Cuando termina el film uno cambiaría no salir del cine por una semana a cambio de volver a verla y entender cosas que había pasado por alto como un espectador obvio y estandarizado. Prometo que cuando salga en DVD voy a verla de nuevo a velocidad rápida y luego voy a hacer otra crítica en este blog.
Afuera estaba el nerd con su mareo a cuestas y un par de chocolates en la mano preguntándome si me había gustado la película y si íbamos a tomar un café. “¡Que miedo un café! ...vamos”, le dije riéndome.

2 comentarios:

Ludovico dijo...

Ja! Ja! Ja! Impecable crónica, me dieron muchísimas ganas de ver esa película, pero sospecho que va a ser imposible, no? Es más, si la querés ver de vuelta te invito yo.
Te va?

Mauro A Fernandez dijo...

yo la vi y también me gustó bastante.
una parte que me llamó la atención es ese momento en el que la inmortalidad se pone de moda, y aparece en un televisor del living de una casa un aviso yameyá de una pastilla que te garantiza no morir el día que la tomás. el mensaje está un poco encriptado, porque el aviso es en japonés y no lo doblan ni lo subtitulan.
esta escena (muy breve, mientras en primer plano una mujer mata a escobazos a su hijito) me hizo interpretar el argumento de otra manera: no es que los bebés fueran inmortales, sino que las multinacionales y su empeados de los gobiernos compraban bebés para matarlos y hacer esas pastillas con algo que les sacaban de las glándulas.
de hecho, el viejo que revuelve basura, en un diálogo con un borracho de la calle, desliza algo acerca de no tener gándulas, lo que nos hace pensar que alguna vez fue un bebé que sobrevivió a la masacre, un testimonio del genocidio.
este asunto de los bebés, en definitiva, es el que desencadena la llegada de los supuestos extraterrestres. la desaparición masiva de bebés va generando la progresiva extinción de la especie, y los aparentes extraterrestres son la manifestación de una divinidad piadosa que viene a restaurar el órden natural de las cosas.
no es casual que las naves espaciales tengan un triángulo equilátero dibujado en sus alerones, y que uno de los "invasores" le transmita un mensaje telepático al viejo sin gándulas en estos términos: "venimos a restaurar el orden natural de la cosas".
las escenas de sexo están buenas, pero a woddy allen esa idea le había salido mejor.